Irán está experimentando actualmente un corte de internet a nivel nacional mientras continúan las protestas generalizadas en todo el país. La organización de monitorización de internet NetBlocks informó de una pérdida casi total de conectividad a internet en Irán el 8 de enero de 2026, con datos que muestran que el tráfico cayó a aproximadamente el 1% de los niveles normales. Las interrupciones se producen en medio de manifestaciones en curso que comenzaron a finales de diciembre y que ahora entran en su segunda semana, restringiendo severamente la comunicación digital y el acceso a la información para millones de ciudadanos.

 

 

El corte ha afectado al acceso fijo y móvil a internet en Teherán, Mashhad, Isfahán y otras grandes ciudades, según varios servicios de monitorización y informes de testigos. Los servicios telefónicos locales también se han visto interrumpidos en partes del país, limitando aún más la comunicación civil. Los observadores afirman que la magnitud del apagón dificulta la cobertura independiente de las protestas y limita las plataformas de redes sociales que normalmente utilizan los iraníes para organizar y compartir información en tiempo real.

Los datos de monitorización de Internet indican que la caída de la conectividad comenzó alrededor de las 20:00 hora local del 8 de enero, coincidiendo con grandes concentraciones en ciudades tras las convocatorias a manifestaciones masivas. El análisis de red realizado por Cloudflare y NetBlocks mostró una fuerte caída del tráfico que dejó la mayoría de los servicios online inaccesibles desde dentro de Irán. El gobierno no ha detallado públicamente las razones de las restricciones en las comunicaciones.

El apagón refleja un patrón de control de internet por parte de las autoridades iraníes durante periodos de disturbios civiles. En oleadas de protestas anteriores, incluidas grandes manifestaciones en 2019 y 2022, las autoridades impusieron interrupciones parciales o completas en internet para limitar el flujo de información, aunque se informa que el cierre actual es de las más extensas. Las medidas técnicas en eventos pasados incluyeron la reducción del ancho de banda, el bloqueo de plataformas sociales y desconexiones dirigidas, estrategias que los críticos califican de socavar la libertad de expresión y movimiento.

Los efectos del cierre actual van más allá de las redes sociales y la mensajería. Las empresas que dependen de la conectividad a internet se enfrentan a desafíos operativos, mientras que los ciudadanos comunes no pueden acceder fácilmente a las noticias ni comunicarse con contactos en el extranjero. Algunos informes sugieren que servicios de internet por satélite como Starlink están siendo utilizados por un pequeño número de usuarios para evitar el apagón, aunque estos servicios se enfrentan a barreras legales y técnicas dentro de Irán.

Los manifestantes siguen reuniéndose en los centros urbanos a pesar del apagón digital. Vídeos compartidos en redes abiertas antes del cierre mostraban grandes multitudes y cánticos contra el gobierno, pero la evaluación independiente de la magnitud total de las manifestaciones sigue siendo difícil debido a las restricciones de comunicación. Observadores internacionales y grupos de derechos humanos han expresado su preocupación de que el corte de internet pueda ocultar los acontecimientos sobre el terreno y restringir la verificación de víctimas y arrestos reportados.

El gobierno iraní ha argumentado históricamente que el control de internet es necesario para la seguridad nacional durante los disturbios, pero los críticos afirman que esta práctica suprime las libertades civiles y dificulta la transparencia. El corte actual ocurre mientras persisten las protestas por las condiciones económicas y los agravios políticos, sin un calendario claro para la restauración del acceso completo a internet.

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